La Ciencia del Estrés

Vivimos en un mundo que no para. La agenda apretada, las noticias que nos bombardean y las expectativas que nos ponemos a nosotros mismos pueden hacer que el estrés sea un compañero constante en nuestras vidas.

Pero, ¿sabías que no todo el estrés es igual ni afecta de la misma manera? Basándome en las investigaciones de Elissa Epel, experta en la ciencia del estrés, hoy quiero compartir contigo algunas claves que pueden cambiar la forma en que lo experimentas.


El estrés no es solo “estrés”: la diferencia entre lo fisiológico y lo psicológico


¿Te ha pasado que, aunque estés sentado tranquilamente, sientes que tu mente no para de correr? O tal vez al revés: te enfrentas a un día físicamente agotador, pero mentalmente te sientes en calma. Esto sucede porque el estrés puede manifestarse de dos formas principales:

 – Estrés fisiológico: Es la respuesta automática del cuerpo ante un desafío, como un aumento del ritmo cardíaco, la liberación de cortisol o la tensión muscular. Este tipo de estrés no siempre es consciente y está diseñado para ayudarnos a reaccionar rápidamente.

 – Estrés psicológico: Es nuestra interpretación mental de una situación como amenazante o desafiante. Este tipo de estrés puede desencadenarse incluso cuando no existe un peligro real, simplemente por la manera en que percibimos las circunstancias. Epel subraya que interpretar una situación como un desafío, en lugar de una amenaza, nos permite activar respuestas saludables.

 

Ambos tipos de estrés activan nuestro sistema nervioso, pero mientras que el fisiológico puede ser más fácil de identificar (como sentir el cuerpo cansado), el psicológico a menudo pasa desapercibido hasta que nos sentimos completamente abrumados.


En mi trabajo, siempre insisto en la importancia de aprender a reconocer estas señales. Es el primer paso para empezar a cuidarnos de verdad.


¿El estrés siempre es malo? La ciencia dice que no


Según las investigaciones de Elissa Epel no todo el estrés es perjudicial. Existen dos tipos principales:

 – El estrés tóxico: Este es el que todos conocemos. Es constante, agotador, y nos hace sentir atrapados. Como cuando te sientes sobrecargado por tantas responsabilidades que no sabes ni por dónde empezar. Este tipo de estrés, si no se gestiona, puede pasar factura tanto a tu mente como a tu cuerpo.

 – El estrés hormético: Este es el estrés breve y manejable, como un desafío emocionante o una pequeña presión que nos empuja a dar lo mejor de nosotros. Este tipo de estrés, combinado con momentos de recuperación, puede ser positivo, incluso rejuvenecedor.


La importancia del descanso regenerativo


Uno de los puntos más interesantes que aborda Epel es la diferencia entre distracción y descanso verdadero. Muchas veces creemos que ver televisión o navegar en redes sociales nos relaja, pero en realidad estas actividades no permiten que el cuerpo se recupere del estrés. Nuestra mente sigue en piloto automático, dándole vueltas a las mismas preocupaciones .


El descanso regenerativo, como la meditación, el sueño profundo o actividades en la naturaleza, activa el sistema parasimpático, promoviendo la restauración celular y mental.


Práctica para el descanso regenerativo:

Prueba este ejercicio de respiración profunda, que es de los primeros que enseño a las personas que trabajan conmigo: la respiración 4-7-8.

  1. Siéntate en un lugar tranquilo.
  2. Inhala contando hasta 4, sostén el aire por 7 segundos y exhala lentamente contando hasta 8.
  3. Repite durante 3 minutos para activar una respuesta de calma en tu sistema nervioso.


La relación entre el estrés y tu cuerpo: lo que está pasando por dentro


El estrés afecta a nuestro cuerpo mucho más de lo que imaginamos. Una de las cosas más sorprendentes que señala Epel es su relación con la autofagia, un proceso natural de limpieza celular.


Cuando experimentamos estrés crónico, el cuerpo no tiene tiempo para reparar los daños y eliminar toxinas acumuladas. En cambio, si le damos al cuerpo espacio para recuperarse (como descansos profundos o prácticas de atención plena), este proceso se activa, ayudándonos a mantenernos sanos y fuertes.


Esto refuerza la importancia de buscar momentos de calma en nuestra rutina diaria, no solo por nuestra salud mental, sino también por la física.


¿Cómo podemos manejar el estrés? Algunas ideas prácticas


Sé que hablar de reducir el estrés suena más fácil de lo que es. Pero hay prácticas simples que puedes empezar a implementar hoy mismo para aliviar esa sensación de sobrecarga:


1. Haz pausas conscientes: Detente unos minutos, cierra los ojos y siente cómo el aire entra y sale de tu cuerpo. Este momento de atención plena puede ayudarte a desconectar del piloto automático y reconectar contigo.


2. Muévete con intención: Algo tan sencillo como un paseo tranquilo o una breve práctica de Qi Gong puede transformar tu energía.


3. Reconoce tus logros: Incluso si parecen pequeños, celebrarlos puede cambiar cómo te sientes con respecto a tu día.


Estas son algunas de las herramientas que también trabajamos en mi programa Las 12 llaves del bienestar para ayudarte a construir una base sólida de resiliencia.


¿Listo para dar el primer paso?


El estrés puede ser parte de la vida, pero no tiene que definirla. Si sientes que estás atrapado en un bucle de estrés constante, te invito a que rompas con esa dinámica.


Únete a mi próximo taller presencial: Rompe el Bucle del Estrés. Allí trabajaremos juntos para entender mejor cómo el estrés te está afectando y cómo empezar a gestionarlo de manera más saludable.


Porque tu bienestar no puede esperar. Da el primer paso hacia una vida con más calma y claridad.

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