Numerosas personas con las que he trabajado o que han asistido a mis formaciones me han compartido experiencias similares:
“Normalmente me siento bastante segura y estable, pero cuando enfrento un desafío en el trabajo o tengo que tomar una decisión importante, la inseguridad y las dudas aparecen. Incluso las preocupaciones más pequeñas me arrastran a un estado de ansiedad y agobio. ¡Es frustrante! ¿Cómo puedo aprender a ser más estable emocionalmente, especialmente cuando me siento abrumada y falta de confianza en mis capacidades?”
Las emociones difíciles como la ansiedad, la ira o la vergüenza son normales y forman parte de la experiencia humana. Pero si te sientes abrumado o perdido en ellas con frecuencia, podría ser un signo de baja estabilidad emocional.
Aunque estos síntomas son comunes, no significa que tengas que resignarte a vivir con ellos. Así como puedes mejorar tu sentido del equilibrio y la estabilidad física (por ejemplo, practicando Qi Gong), también puedes mejorar tu estabilidad emocional, que es la capacidad de experimentar una emoción difícil sin sentirte abrumado o perderte en ella.
Como cualquier habilidad, para desarrollar la estabilidad emocional no basta con saber la teoría. Se trata de hacer las cosas de manera diferente: practicar y desarrollar mejores hábitos.
En el resto de este artículo voy a compartir tres hábitos específicos que cualquiera puede desarrollar para volverse más estable emocionalmente.
Uno de los factores más importantes que provocan una mala estabilidad emocional es el hábito de la autocrítica. Cuando te criticas y juzgas constantemente, tu confianza disminuye y tu estrés aumenta. Y la falta de confianza sumada a un alto nivel de estrés hace que afrontar cualquier situación (o cualquier emoción difícil) sea mucho más difícil de lo que debería ser.
La autocrítica emocional es cuando nos juzgamos a nosotros mismos por cómo nos sentimos: criticándonos por sentirnos estresados, por ejemplo, o juzgándonos como “débiles” por sentirnos tristes y desmotivados. El problema es que cuando criticamos y juzgamos nuestras emociones, las agravamos y las hacemos mucho más grandes, más duraderas y difíciles de manejar.
La mejor manera de romper este hábito de la autocrítica es reemplazarlo por un hábito mejor… la autocompasión.
Una causa más sutil de inestabilidad emocional y agobio es centrarse demasiado en una emoción dominante y, en consecuencia, ignorar otras emociones subyacentes.
Imagina que estás en un desacuerdo con tu pareja. La emoción dominante es la ira, pero al escuchar más profundamente, podrías notar tristeza detrás de ella. Esa tristeza puede ofrecerte pistas sobre lo que realmente necesitas en esa situación, como más humor o un respiro antes de retomar la conversación.
Cada vez que te sientas molesto, hazte estas preguntas:
El resentimiento crónico es un factor desestabilizador menos obvio para nuestra estabilidad emocional. Las personas tienden a albergar resentimiento cuando quieren que las cosas sean diferentes, pero no están dispuestas a expresarse o hacer algo para cambiar la situación. Este resentimiento, cuando no se maneja, magnifica la intensidad de otras emociones difíciles.
La buena noticia es que puedes empezar a reducir el resentimiento inmediatamente practicando la asertividad.
La estabilidad emocional no es un estado que se alcanza de la noche a la mañana, sino una habilidad que se cultiva con práctica. Al integrar la autocompasión, escuchar tus emociones de fondo y practicar la asertividad, estarás en camino de gestionar mejor tus emociones y afrontar los desafíos de la vida con mayor confianza y calma.
Si sientes que tus emociones a menudo te abruman y deseas aprender cómo desarrollar la estabilidad emocional de forma práctica y eficaz, te invito a unirte a nuestro taller online Domina tus Emociones el próximo jueves 19 de diciembre. Tienes toda la información aquí.